Las Emociones y el Sistema Inmunológico

El poder de la mente humana no tiene límites, y así como puede crear una realidad externa a nuestro cuerpo, también tiene una importante incidencia en la realidad interna y la salud de nuestro organismo. Por esta razón, hemos decidido mostrar a nuestros seguidores la relación existente entre las emociones y el sistema inmunológico para que de esta forma, podamos ver la importancia de mantener un cuidado especial en lo que observamos, pensamos o decimos; y así poder disfrutar de un estado óptimo de salud.

Una de las consecuencias que pueden generar las emociones dentro del cuidado de nuestra salud, es la influencia que puede tener en los niveles del PH celular, que al mantenerse en un estado de equilibrio, mantiene fortalecido nuestro sistema inmunológico y evita que se produzca el desarrollo de microorganismos patógenos que alteren nuestra salud. Una de las claves más importantes para mantener elevados los niveles de nuestro potencial de hidrógeno o PH corporal es El Biomagnetismo, cuya terapia puede ser tanto curativa como preventiva, además de ser una excelente terapia complementaria a los tratamientos de la medicina tradicional. El enfoque de esta terapia de imanes abarca también los aspectos emocionales del organismo, pudiendo tratar diversos desequilibrios como la ansiedad, depresión, estrés, etc., para restablecer la tranquilidad y el equilibrio deseado.

Las emociones son respuestas químicas que se generan por estímulos percibidos en el exterior a través de los sentidos, los cuales traerán consecuencias en el funcionamiento de nuestros organos. Nuestro cuerpo humano tiene la posibilidad de recoger información tanto de su interior como del exterior. En el caso de las emociones, la información recogida de los estímulos exteriores percibidos por los sentidos, son asimilados por el cerebro en formas de pensamientos, estos a su vez generan respuestas químicas, activando el hipotálamo y segregando diferentes hormonas a través de la hipófisis, las cuales afectarán las funciones corporales, pudiendo generar un impacto tanto positivo como negativo, dependiendo del tipo de estímulo recibido y afectando igualmente el funcionamiento de  nuestro sistema inmune.

Un órgano fundamental del sistema inmunológico que se ve afectado por las emociones positivas o negativas, es el timo; este órgano ubicado en el pecho entre el corazón y el esternón (donde uno pone el dedo cuando dice Yo), es el lugar donde los linfocitos T (capaces de eliminar los agentes patógenos) maduran y se desarrollan antes de pasar a los ganglios linfáticos o el bazo,  para realizar sus funciones específicas. Igualmente, este órgano es el centro de mando del sistema inmunológico desde donde se coordinan las operaciones de defensa y ataque de nuestro organismo. Cuando los estímulos sensoriales que percibimos llegan a nuestro cerebro y se convierten en pensamientos, las áreas encargadas de enviar la información al sistema inmune darán la orden al timo de dilatarse o contraerse, afectándose de esta forma, el flujo de los glóbulos blancos aumentando cuando se dilata por las emociones positivas (mejorando el sistema inmunológico) o disminuyendo su tamaño y conteo de linfocitos, con las negativas (disminuyendo la potencia de nuestro sistema inmune).

Este proceso en que las emociones afectan químicamente el funcionamiento de nuestro organismo, se produce por la segregación de hormonas en las glándulas, las cuales responderán de acuerdo al estímulo que se haya recibido del exterior, por ejemplo: cuando nos encontramos en compañía de nuestra pareja o personas a las que profesamos un cariño especial, nuestro cuerpo segrega hormonas como la oxitocina, serotonina y dopamina, que nos producirán una sensación de bienestar y placer, trayendo beneficios al sistema inmunológico como el aumento en la  producción de linfocitos T. Por otra parte, el estrés producido  por ejemplo, cuando una madre ve en peligro la vida de su hijo, generaría un aumento en la adrenalina y el cortisol, pudiendo así responder a esta amenaza; sin embargo, cuando se sufre estrés crónico y se genera un exceso del cortisol, se disminuyen la producción y acción de los linfocitos, debido a que esta sustancia es supresora (debilitador) del sistema inmune. Afortunadamente para este tipo de casos, se puede contar con la terapia de biomagnetismo que promoverá la activación de los mecanismos naturales de recuperación del cuerpo, para que  gracias a la ayuda de los imanes pueda sanarse por sí mismo, logrando mantener un equilibrio en el PH corporal y ayudando a manejar mejor los niveles de estrés o desequilibrios emocionales, produciéndose así, un importante nivel de relajación que mejorará nuestra salud y fortalecerá nuestro sistema inmune.

Al observar como los estímulos externos pueden condicionar nuestra salud y las respuestas naturales de nuestro organismo, podemos ver lo importante que es cuidarnos de las situaciones estresantes que puedan quitarnos la tranquilidad y dar prioridad a las situaciones que promuevan los estímulos positivos; en muchas ocasiones es nuestra actitud lo que determinará el desenlace de estas situaciones, siendo esta una razón importante para recordar que debemos siempre nutrir nuestra mente, nuestro espíritu y nuestro organismo, con lo mejor de las cosas positivas de la vida, para de esta forma adquirir un mejor estado de salud, tener una mejor calidad de vida y desarrollar una fuerza emocional mayor que nos permitirá afrontar la existencia con un mayor equilibrio.

 

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